WILLY Y LA MISTERIOSA MUJER

 

Willy era peculiar.

Siempre triste, avergonzado y pesimista.

Solía cenar en un restaurante muy popular.

Entre las 6 de la tarde y las 9 de la noche era muy difícil conseguir una mesa.

Los que llegaban solos solían sentarse donde se les permitía.

Voces, música y un traqueteo de platos y cubiertos llenaban el aire.

Algunos comensales como Willy llegaban temprano y se quedaban hasta tarde.

Al parecer, disfrutaban del ajetreo, el bullicio y la música.

Willy se sentaba solo en una mesa para dos, cerca de la puerta principal, pero su triste apariencia no invitaba a nadie a sentarse con él.

Un día entró un hombre que lo miró y sonrió.

Willy, a pesar de su estado de ánimo, le devolvió la sonrisa.

El hombre se sentó con él y Willy pudo intercambiar algunas banalidades.

Vivía solo y no hablaba con nadie.

Esta experiencia fue una chispa en su triste vida.

Desde entonces empezó a sonreír a todos los que entraban y siempre alguien se sentaba con él.
Se convirtió en un ritual y Willy lo disfrutaba.
Toda su vida cambió.
Se volvió jovial, extrovertido y alegre

Todas esas nubes de tristeza, nostalgia y depresión se disiparon.

Así es como conoció a muchas personas notables y no tan notables en su ciudad;

Conoció hasta tres mujeres encantadoras; por desgracia, sólo estaban de paso.

Sin embargo, un día entró un hombre corpulento, con una mirada sorda y penetrante, que inspeccionó el lugar con evidente repugnancia.

Sus ojos se posaron en Willy y parecía haber encontrado lo que buscaba.

El se acercó a Willy resueltamente.

Se detuvo frente a su mesa, y le espetó, — Ella me dijo que siempre venías aquí a cenar — Hoy no vendrá.

Willy lo miró sorprendido, pero antes de que pudiera hablar, el hombre continuó: — ¡Sé lo que tienes en mente, y debe detenerse ahora!

Willy entonces se armó de valor, y le espetó a su vez — ¡Imposible! Y continuando, respondió: My vida ha cambiado, ahora soy feliz, lleno de esperanza — El hombre, ahora furibundo, respondió — ¡Maldito seas, ella es mi esposa! — y con un poderoso puñetazo derribó a Willy de espaldas.

Un camarero se le acercó — Señor, ¿se encuentra bien? — Willy, con la vista nublada y una nariz sangrante respondió — Si estoy muy bien, estoy soñando que una hermosa mujer extraña me consuela y me acaricia.




 


 

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