La Tetera
Había una vez un en
Tacoma un hombre que tenía una hija que era lo más precioso que le había
regalado su esposa. Para uno de sus cumpleaños su hija le regaló una tetera de
cerámica Rosenthal. Pasaron los años y su esposa la exponía con orgullo en la
repisa de la chimenea junto a la cocina. Con el pasar de los años, la hija se
dio cuenta que su padre no era el hombre maravilloso que ella había querido
tanto sino un hombre muy por debajo de aquel ídolo de su niñez. Un día, en
medio de una discusión llena de reproches la hija tiró la tetera al suelo haciéndola
pedazos. Después consiguió un trabajo en Australia y no volvió más.
La esposa pegó la
tetera muy bien y la puso en su lugar. El marido la veía todos los días hasta
un día que vió el sitio vacío. Le preguntó a su esposa y ella le dijo que se le
había caído y había botado los pedazos en la basura. Pasaron otros tantos años
y el hombre fue a una venta de objetos usados y cual no sería su sorpresa
cuando vió allí a la tetera reparada a la venta, Una señora atendía la mesa de
objetos antiguos y usados y él le preguntó como la había conseguido. Ella le
dijo que una señora le había canjeado la tetera por otra cosa y decía que su
marido no hacía sino entristecerse mirando la maldita tetera.
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